En esta muestra de la obra de Francisco Chapa / SPYNN se documenta el recorrido de un productor que se ha empeñado en explorar las posibilidades de la forma. Con sus inicios fincados en el contexto del arte urbano, SPYNN ha partido del lenguaje del grafiti para emprender un viaje que lo ha llevado del trazo orgánico a la experimentación geométrica y el juego volumétrico.

El trabajo de SPYNN sale de la intervención del espacio urbano y se disemina por diversos formatos que le sirven para realizar experimentos cuyos resultados se reinsertan en el entorno de la calle. A lo largo de su trayectoria, ya sea en murales, pinturas o formatos mixtos, ha demostrado una preocupación por entender la lógica de las formas, siempre en ese vaivén entre lo orgánico y lo geométrico; además, en su serie de collage muestra una dimensión más íntima de ese mismo diálogo, al compartir las pequeñas revelaciones que son producto de asociaciones inesperadas.

Sobrepasando las intenciones decorativas de ciertas vertientes del arte urbano, la obra de SPYNN constituye un ciclo que va del espacio público al privado y luego de regreso a la calle, donde mediante la intervención del entorno urbano se proporciona un atisbo a la sabiduría de las formas, esa lógica que conforma la estructura de la experiencia visual cotidiana.

Marco Alcalá. Noviembre 2011. Texto de presentación de la exposición individual de Francisco Chapa / SPYNN en la Sala de Proyectos Visuales, Centro Cultural Plaza Fátima

Licenciado I+II, de Ignacio Uriarte

CUADERNOS DE CUBÍCULO, O LA ESCRITURA SUBVERSIVA
Marco Antonio Alcalá Flores

1. Grandes obras literarias se han escrito gracias a las oficinas. Esos espacios sofocantes diseñados para aniquilar la creatividad y que en apariencia sólo ofrecen un respiro en el cotilleo junto a la cafetera o el garrafón de agua. Pero algunos hábiles e inquietos han sabido encontrar un refugio más allá del alegre chismorreo de practicantes y secretarias. Desde un espacio aparentemente hostil, estos aventurados han encontrado una grieta, un punto especial desde el cual puede surgir la escritura, un espacio que,  contra todo pronóstico, puede volverse fecundo para emprender la exploración de ciertas formas de subjetividad que rechazan los modelos convencionales.

2. Entre esos escritores oficinistas es posible recordar algunos nombres célebres. Está Perec, que era archivista, profesión que no pocos han relacionado con su estilo literario que se sirve del recurso de la catalogación. También está Einstein, que cuando trabajaba en una oficina de patentes escribió esa célebre obra de la literatura fantástica que trata sobre la teoría de la relatividad especial.

3. En la constelación literaria de los escritores oficinistas las estrellas más brillantes (al menos para mí, desde mi cubículo) son las de Kafka y Bernardo Soares. La sombra de Kafka, que se extiende sobre el siglo XX, y un poco sobre el XXI, resume la experiencia de la Modernidad. El libro del desasosiego, de Bernardo Soares, heterónimo de Pessoa, es la luz que ilumina la transición al siglo XXI, se anticipa a la predilección de nuestro siglo por el recurso de la autoficción, la disolución de los géneros literarios y la afición por el fragmento.

4.  Sin las exigencias del plazo que debe ser cumplido, sin la necesidad desesperada de convertirse en sustento, la escritura se vuelve otra cosa, adquiere un tono pausado, busca la frase correcta, se dilata.  Escritura que se vuelve secreta, íntima. Escritura que es, de cierto modo, subversiva, porque ocurre a la sombra de un proceder que debiera ser de otra forma, que se quiere a sí mismo productivo. El escritor oficinista desafía a un modus vivendi rutinario que reproduce los mecanismos de opresión de las formas de explotación y de la represión no sólo material, sino subjetiva.

5. Desde el espacio anodino del entorno laboral, el escritor oficinista se refugia como cucaracha en la grieta de la escritura, último espacio de resistencia desde donde sus antenas se estiran, se expanden y captan las resonancias del mundo, para concretar en la escritura todo aquello que se anuncia como posibilidad.

*Texto escrito para el número 15 de grama. revista de literatura


Lezama Lima haciendo el cuadrado pitagórico.

I. El enigma

Lezama nos heredó el enigma en esos textos cargados como retablos barrocos, en esa escritura jeroglífica plena de matices sagrados. Realizó un corte en lo cotidiano para alcanzar ese otro registro del mundo, una determinada dimensión que contiene y sobrepasa lo telúrico para remitirnos a la imagen del origen: siempre perdida, siempre buscada. “Solo lo difícil es estimulante” , nos dice Lezama al inicio de La expresión americana, como prefigurando la actitud que debemos tomar al recorrer el laberinto de su obra, exhortándonos a conquistar al minotauro de la dificultad quien, en realidad, habita dentro de nosotros.

Para Severo Sarduy el heredero es “el que descifra, el que lee. La herencia, más que una donación, es una obligación hermenéutica”. El enigma que se nos ha legado es un compromiso de lectura, una misión: senda que se nos invita a recorrer en todas sus sinuosidades y bifurcaciones. Pero abordar el enigma desde la endeble perspectiva de la razón sería un error. El mismo Lezama nos da una clave de lectura en uno de sus manuscritos, cuando escribe: “El Paradiso será comprendido más allá de la razón. Su presencia acompañará el nacimiento de los nuevos sentidos”.

II. El misterio.

Lezama nos heredó el misterio. Sarduy consideró que heredar a Lezama es, quizá “asumir su pasión, en los dos sentidos del término: vocación indestructible, dedicación y padecimiento, agonía”.  La herencia lezamiana exige rigor, disciplina y la apertura de los sentidos a la aceptación de los placeres difíciles. Nos legó, entonces, una religiosidad literaria, una literatura sagrada, iniciática. Paradiso es una ascesis, una escuela de misterios, una summa poética: la revelación de otro mundo, a la vez subterráneo y celestial. Ya Cortázar escribió que “Paradiso vuelve visible por la imagen el universo esencial del que sólo vivimos instancias aisladas”.

Misterio poético como manera de conocer ese otro mundo que es, según Octavio Paz, “inexplicable por el lenguaje, aunque sólo puede ser alcanzado por él”. Ese otro mundo es a la vez el nuestro, el cotidiano: así encontramos la dimensión sagrada en el entorno familiar; en ciertas conversaciones con las amistades juveniles; en los viajes en autobús convertidos en descenso a los ínferos; en los sueños, que son el reverso enigmático de la vigilia; en las caminatas nocturnas, de las cuales se regresa transformado por el descendimiento placentario de la noche materna que prefigura el renacer.

III. La revelación.

Lezama nos heredó una revelación. Nos ha proporcionado un grimorio, una propedéutica, un libro de ejercicios espirituales-literarios, todo ello oculto tras la máscara del género narrativo. Hay imágenes poéticas y diálogos que resuenan tanto a Platón como al Asclepio atribuido a Hermes Trismegisto; nos sorprendemos ante el Angra Mainyu  evocado en cierto pasaje adolescente; vemos a Lao-Tse cabalgando al búfalo y somos testigos de un mundo que marcha al ritmo del ethos musical de los pitagóricos.

En el desbordamiento sobreabundante de imágenes y referencias podemos vernos abrumados por la multiplicidad aparente, cuando en realidad  Lezama nos extiende, cual espiga eleusina, un atisbo de la unidad primigenia. Hay un conocimiento secreto, sólo accesible cuando la imagen encarna en el lector, cuando se hace cuerpo y se actualiza en el acto íntimo y sagrado de la lectura transmutada en evidencia. Como la salvación, la herencia de Lezama es personal.

*Texto escrito para el número 14 de grama. revista de literatura

Alain Robbe-Grillet, fotografiado por Renaud Monfourny

 

Esta es una de las célebres entrevistas de The Paris Review. Como Alain Robbe-Grillet es uno de mis escritores preferidos me tomé la libertad de traducirla íntegramente.

Para leer la versión en inglés, click aquí.

Alain Robbe-Grillet, The Art of Fiction No. 91

Entrevistado por  Shusha Guppy

Cuando está en París, Alain Robbe-Grillet vive en un departamento en el tercer piso de un área residencial acomodada, a las orillas de la ciudad, frente a los bosques de Bois de Boulogne. Cruzas dos patios para llegar a su edificio, donde la espaciosa sala tiene vista hacia flores y maceteros. Es un sitio extremadamente tranquilo, amueblado con simpleza, siendo el negro y el rojo los colores predominantes, con muchos sofás cómodos y sillas, y pilas de libros por todas partes. Robbe-Grillet viene a París por cuestiones de negocios (es director del sello editorial Les Editions de Minuit, que lo han publicado) y para ver a sus amistades, pero escribe en su gran casa de campo en Normandía, donde pasa el mayor tiempo posible.

Las primeras dos novelas de Alain Robbe-Grille, Las gomas (1953) y El mirón (1955), fueron ignoradas por el público y rechazadas por los críticos. Pero su tercera y más famosa novela, La celosía (1957), fue reseñada con entusiasmo por Roland Barthes –ya entonces consolidado como una de las voces más serias e influyentes en los círculos literarios parisinos- quien la llamó “objetiva”, dándole a la palabra la acepción del diccionario Littré como “orientada hacia el objeto”. Desde entonces, la palabra fue utilizada para designar a un grupo de novelistas que trabajaban en la misma línea: Michel Butor, Claude Ollier, Claude Simon, Robert Pinget y Nathalie Sarraute.  Aunque de diversas edades, personalidades y estilos, ellos compartieron ciertas preocupaciones, principalmente un cuestionamiento de lo viejo y una búsqueda de una nueva manera de récit –narrativa. En una serie de ensayos publicados en la revista L’Express y posteriormente en un libro titulado Para una nueva novela (1963), Robbe-Grillet delineó las ideas y métodos de los nuevos novelistas; se volvió el portavoz del movimiento. Con el éxito internacional de la película de Alain Resnais El año pasado en Marienbad, para la cual escribió el guión, la reputación de Robbe-Grillet aumentó y sus libros se empezaron a vender. Hizo sus propias películas y escribió muchas novelas más en los años que siguieron, volviéndose un favorito de las universidades estadounidenses. Ahora pasa un trimestre al año en una universidad en Estados Unidos.

A principios de 1985, la autobiografía de Robbe-Grillet, El espejo que vuelve, apareció rodeada de publicidad y controversia, convirtiéndose en un best seller instantáneo. Que el portavoz de la “novela objetiva” ceda a un ejercicio eminentemente subjetivo, la autobiografía, parecía una provocación. Sin embargo, el trabajo es típico Robbe-Grillet, característicamente mezclando hechos y ficción, memoria e imaginación.

Leer la entrevista, tras el salto: Read More

A pesar de tener plena conciencia de que se trata de un proyecto fallido de antemano, aquí planteo un esbozo para cartografiar ese territorio impreciso que es la literatura. Lo particular de esta empresa es que, como la literatura misma, es un mapa para perderse. Cualquier revisión con algo de profundidad de las grandes obras de la teoría literaria dejará al lector con grandes dudas sobre la naturaleza de la literatura, y eso, francamente, me parece sumamente emocionante. Por lo tanto, estas ocho piedras de toque conforman un círculo en torno a un núcleo que se nos escapa, pero andar en círculos al menos brinda la posibilidad de ver desde múltiples perspectivas.

1. La literatura como espacio. La palabra como posibilidad de la generación de acontecimientos. Ámbito separado del entorno de lo cotidiano: zona de extrañamiento. Otro campo de batalla para las pugnas de siempre. Área para la manifestación de lo distinto y lo familiar. Tablero, espacio de juego y solemnidad, anulación del principio de no-contradicción. Laboratorio para la experimentación de distintas formas de subjetividad. Potencialidad de los otros cuadrantes. Espacio abierto, siempre abierto. Planteamiento de las condiciones de posibilidad de lo insólito para la reformulación de las concepciones del entorno: escenario propicio para el tropiezo.

2. La literatura como movimiento. Palabras-plataformas para el lanzamiento desde el desfiladero al vacío: abandono total de la certeza. Desplazamiento hacia la confrontación radical con lo desconocido, con la impermanencia. Devenir constante, abolición de la fijeza. Manifestación que pone en evidencia al cambio, configuraciones azarosas. Tirada de dados que desemboca en una lección de navegación para el río heracliteano.

3. La literatura como resonancia. Palabras que son emanaciones reverberantes de la concha del caracol arquetípico. También son red de conexiones que se expanden y propician la reactivación constante de las reminiscencias. El inagotable rizoma intertextual, cúmulo de correspondencias. Palimpsesto inabarcable o la gran conversación que no cesa. Comentarios de los comentarios, reinterpretaciones e influencias, genealogía y república. El mito del eterno retorno y la simultaneidad de todos los tiempos y lugares.

4. La literatura como máquina. Artificio, construcción lingüística diseñada para la exploración de las distintas superficies de lo real. Artefacto retórico-lúdico: acertijo, rompecabezas, ingenio complejo, esfinge mecánica de vértebras verbales y engranaje sintáctico. Replanteamiento del enigma por medio de la palabra: mecanismo de superación de la condición natural, a la vez velo y linterna. La máquina que alumbra la realidad dotando sentido también nos separa porque nos distancia de ella.

5. La literatura como experiencia. Exploración de los parajes subjetivos de los otros: recorrido por la multiplicidad de máscaras. La posibilidad de renovar la mirada que le damos al mundo, cuestionamiento de la personalidad y los alcances de la ficción que somos. Disolución en el mar de rostros y voces. Vaivén de las olas: perderse y encontrarse. La identidad es el residuo, como la costa que se redefine con el oleaje, sin saber nunca dónde empieza, dónde termina.

6. La literatura como mística. Tentativa de saciar la sed de absoluto. Objeto de devoción para los buscadores insatisfechos. Intento de regresar al aullido primordial que rebasa al lenguaje. Relación con la dimensión simbólica que otorga sentido. Punto de contacto con la posibilidad de la revelación, pequeña rasgadura en la fibra de lo cotidiano que permite dar un atisbo al otro lado.

7. La literatura como conocimiento. Senda a la vez intelectual y emocional. La literatura como acercamiento a los mecanismos fundamentales de la realidad y las narrativas que nos rigen. La metáfora como epistemología. Reconocimiento de la naturaleza de las voces que nos narran, al conocer las narraciones, nos conocemos.

8. La literatura como ausencia. El enigma irresoluble. Asumir la existencia del punto ciego. Danza en el vacío. Lo que se escapa, lo que no puede decirse, la existencia que sobrepasa las posibilidades del lenguaje que trata de aprehenderla. Geometría del abismo. Lo que podemos conocer porque sentimos la falta. La pregunta primigenia para la que tanto deseamos que la literatura sea la respuesta.

* Texto publicado originalmente en el número 13 de grama. revista de literatura.

1. Pronto tomaré un avión. Pronto dictaré una ponencia sobre Lezama Lima. Ponencia que aún no he escrito, que no sé cómo empezar a escribir.

2. Como soy un maestro de la distracción y de las asociaciones poco eficientes, mi situación me recuerda a otra. Por supuesto que ese recuerdo es sobre una ficción y no sobre una experiencia vivida (aunque yo a estas alturas ya no las diferencio mucho). Me recuerda a un cuento encantador titulado Un secreto a voces y escrito por la tristemente desaparecida (así dice en la contraportada del libro Mis días en Shanghai, editado por Almadía) Aura Estrada.

3. Como también soy un maestro de la digresión, ahora recuerdo cómo me enteré de quién era Aura Estrada.  En un principio fue culpa de la Bolaño fever de los gringos. Yo ya había leído tanto Los detectives salvajes como 2666 y, como la mayoría de los lectores de mi generación, quedé  impactado. Así que cuando encontré un escrito de Francisco Goldman sobre 2666 en el sitio Words Without Borders no dudé en leerlo. Ahí me encontré con algo inesperado, no se trataba de un análisis o valoración de la obra de Bolaño, sino de la manera en que ésta se entrecruzaba con su vida, con la trágica pérdida de su joven esposa Aura. El texto me conmovió mucho. Pasó el tiempo y durante la primavera del 2009 la revista Zoetrope: All-Story lanzó su número latinoamericano, donde se incluyó el cuento Un secreto a voces, el cual recuerdo en este momento en el que debería estar escribiendo una ponencia que pronto voy a dictar.

4. Recuerdo el cuento porque el personaje, llamado José Borgini, se sienta a escribir y entonces ocurre una escena que me resulta tragicómicamente familiar:

Al mediodía escribió: “Éste no es un relato. Éste tampoco es un relato. Estas palabras no relatan. No hay nada (no hay nadie). La pared está cuarteada. Tiene una mancha amarilla que recorre un recorrido imprevisto, improvisado. Es la humedad, solía decir mi madre. Es la humedad la culpable de la miseria humana. Y odié el olor de la humedad, de la ropa que no acaba de secarse y se queda impregnada de esa culpabilidad, de esa miseria humana.   Pero me busqué una novia que amaba la ropa que no acaba de secarse. Y el olor de la humedad. Y de la miseria humana. No hablaré sobre mi madre. No hay nada de qué hablar. Quiero decir: escribir. Quiero decir: escribo pero no digo nada. Soy un ojo fuera del mundo. La mancha amarilla de un relato amarillo que no me atrevo a escribir”. De inmediato apretó delete y la página volvió a su estado anterior. Virginal, pensó José. Y luego pensó en Goethe y en Carver y en Capote -su favorito- mirando intensamente la página blanquecina.

4. Escribí los tres puntos anteriores hace unos días, el 12 de octubre. Ya dicté la ponencia sobre Lezama Lima, estuvo bien. Después de transcribir el fragmento sobre el bloqueo de Borgini me dediqué a leer el resto del cuento. Como no quise ser el protagonista de una escena semejante a la que sucede al final (léanlo), finalmente me sentí lo suficientemente motivado como para escribir algo más o menos coherente sobre Lezama.

Estos días he pensado mucho en la levedad, me parece que nos ha provisto de grandes imágenes literarias. Como la de Amalfitano en 2666, cuando realiza el hermosísimo gesto duchampiano, cuando cuelga el tratado de geometría en el tendedero. De hecho, Duchamp es una buena figura para pensar la levedad, la desmaterialización, el gesto que tal vez nos permita aprender cuatro cosas de la vida, como Amalfitano pretende que lo haga ese tratado de geometría. Luego, podemos retornar al tema del post anterior, a Vila-Matas y cómo ha hecho literatura desde la levedad, a partir de su duchampiana Historia abreviada de la literatura portátil. Basta recordar el inicio de aquella novela sobre una conspiración imaginaria:

A final del invierno de 1924, sobre el peñasco en que Nietzsche había tenido la intuición del eterno retorno, el escritor ruso Andrei Bely sufrió una crisis nerviosa al experimentar el ascenso irremediable de las lavas del superconsciente. Aquel mismo día y a la misma hora, a no mucha distancia de allí, el músico Edgar Varese caía repentinamente del caballo cuando, parodiando a Apollinaire, simulaba que se preparaba para ir a la guerra

Entonces, desde la conspiración Shandy disuelta por el mago Crowley hasta el salto inglés de Riba y hasta el fin de la era Gutenberg.

1. Finalmente, tras meses casi carentes de lecturas libres debido a la escritura de mi tesis sobre Lezama Lima, he podido terminar Dublinesca, la más reciente obra de Enrique Vila-Matas.  Antes debo decir que para mí, como para muchos lectores de mi generación, Vila-Matas es uno de los autores contemporáneos más interesantes y por ello esparaba con emoción el momento de leer esta novela.

2. En Dublinesca, Vila-Matas agrega un volumen más una obra coherente en la cual se ha dedicado a dialogar con la literatura de una manera muy singular y llena de vida. Recuerdo mucho una conversación que tuve hace unos años con un amigo que argumentaba que Vila-Matas es un autor muy pretencioso, debido a su afán de hacer literatura sobre literatura. En ese momento no supe muy bien cómo defender a mi autor predilecto y me hundí en el silencio. Ahora, que he releído algunas de sus novelas y he realizado una primera lectura de Dublinesca, puedo decir que Vila-Matas escribe una literatura sumamente vital y que las referencias literarias no son un ejercicio de pedantería, sino el planteamiento de un camino existencial. No hay distinción entre literatura y vida y en su más reciente novela hay una imagen que me parece muy representativa de todo esto, lo que Samuel Riba llama El salto inglés.

3. El salto inglés es la transición a otro espacio mental, a la literatura irlandesa, a Joyce y Beckett, que en Dublinesca representan los dos extremos de la literatura del siglo XX. En la novela también hay otro salto, el de la era Gutenberg a la era google.

4. Este salto inglés es una imágen espléndida, el mismo Vila-Matas nos da pistas de lectura al recordarnos el salto de Cavalcanti que menciona Italo Calvino en Seis propuestas para el próximo milenio y que emplea como ejemplo de la levedad en la literatura. Motivado por Vila-Matas, me fui al libro de Calvino para refrescar la que había sido una lectura escolar y que ahora cobra nuevos matices, pues me encuentro con las siguientes citas sobre la levedad: “Una imagen figurada de levedad que cobre un valor emblemático, como, en el cuento de Bocaccio, Cavalcanti saltando con sus delgadas piernas por encima de la losa sepulcral”; también, la levedad como “…esa especial modulación lírica y existencial que permite contemplar el propio drama como desde fuera y disolverlo en melancolía e ironía”; y finalmente, lo que me parece que Vila-Matas ha realizado en su obra desde Historia abreviada de la literatura portátil: “…la literatura como función existencial, la búsqueda de la levedad como reacción al peso de vivir”.

5. Vila-Matas se ha dedicado a hacer una literatura en donde se abordan temas que se aligeran. En Dublinesca domina una atmósfera paródica de fin del mundo. El fin de un mundo, en efecto, el mundo del libro que fenece y para el que Samuel Riba hace un funeral en el Bloomsday, que también le suena a Doomsday.

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